viernes, 24 de febrero de 2012

Fortunata y Jacinta...

De Benito Pérez Galdós.

Sinopsis:

El joven Juanito Santa Cruz se casa con su prima Jacinta y en el mismo viaje de novios le confiesa que tuvo una aventura con una mujer de clase baja. Con el tiempo, Jacinta se dará cuenta de que no puede tener hijos lo cual la atormenta.
Fortunata, la mujer pobre, por su parte, después de una vida pasando de hombre en hombre, se casa con un chico que no quiere, un estudiante enfermizo llamado Maxi Rubín, al cual engaña con el "señorito" al día siguiente de la boda...

Opinión:

Fortunata y Jacinta no es solamente la historia de unos adulterios o de la vida de varios personajes de la España de finales del siglo XIX. En este libro se muestra un fresco de tipos del Madrid de la época, algunos muy logrados que contribuyen a enriquecer la novela con sus hablas peculiares y sus manías; también habla un poco del ambiente político de la I República y de la Restauración monárquica, y de las ideas que pululaban en los cafés y tabernas. Claro que mil páginas y pico dan para mucho.
El argumento no resulta muy original. En realidad, es el más viejo del mundo: las relaciones humanas, el amor, el adulterio, el engaño... Como en otras novelas decimonónicas el autor se explaya relatando ese argumento, a decir verdad, bastante escaso, con escenas larguísimas, llenas de diálogos también muy extensos que denotan a los personajes y a sus idiosincrasias. Algunas cosas pueden sonar un poco extrañas, al menos para quienes no hemos tenido estas experiencias. Jacinta está tan desesperada por tener un hijo que se ilusiona incluso con el supuesto hijo de Fortunata y de su marido, al que desea adoptar como propio. Por otra parte, al principio de la novela, cuando el viaje de novios, se muestra bastante liberal y tolerante y le pide a su marido que sea sincero con ella y le cuente todas las aventurillas que ha tenido con otras mujeres. Jacinta parece poco celosa, aunque a lo largo de la historia se muestra un poco más recelosa con los engaños del marido, pero poco la verdad. Quizás tenga que ver el hecho de que Galdós opta por centrar la historia del primer tomo en Jacinta y luego en el segundo se desentiende un poco del personaje y centra el peso del argumento en Fortunata, bastante más interesante y que da más juego que la niña rica burguesa obsesionada con la maternidad.
Fortunata es retratada por el autor como una mujer de muy baja cultura al inicio de la novela, ingenua y romántica, muy apasionada, a la que diversos personajes, en especial su marido Maxi van puliendo y "culturizando", aunque se insiste en que ella no pierde la "esencia de ese pueblo de Madrid", ese estamento popular por el que Galdós parece sentir cierta debilidad, y al que ensalza repetidas veces. Sin embargo, también es un personaje contradictorio, que en unas ocasiones se declara a sí misma como la esposa "legítima" de Santa Cruz, ya que es que a ella a quien quiere (eso cree la ingenua) y ha tenido hijos con él; en otras, se siente como una mujer mala, aunque se resiste a esta apreciación. El personaje incluso se equipara moralmente a su "rival" Jacinta con diversas argucias morales, como la de dar crédito al rumor de que engañó a Santa Cruz con un Don Juan medio inglés (rumor falso) con lo cual Jacinta no sería "decente". El final de este personaje, típico de las "mujeres trasgresoras" de las novelas decimonónicas (Bovary, Karenina, la Regenta, etc) es el "castigo", como no podía ser de otra manera. De hecho, en este libro casi todos los personajes terminan mal excepto Jacinta, que logra lo que tanto deseaba. Eso de castigar al personaje me ha sorprendido ya que Galdós no parece tan mojigato y tan moralista.
En la novela hay personajes como el hermano de Maxi Rubín, un vago metido en política, que proclama el amor libre, pero luego es un hipócrita que no quiere llevar una mantenida a su nuevo puesto en provincias por el qué dirán, o Evaristo Feijoo, un viejo que se prenda de Fortunata y que pretende protegerla y a la vez enseñarle que lo importante no es lo que se hace sino "guardar las formas" ante los demás, que en el resto puede ser libre.
De Santa Cruz apenas sabemos nada, dejando aparte que es un mujeriego que tiene varias amantes y las engaña a todas, y Maxi Rubín es un personaje un poco estrafalario, al que le dan constantes dolores de cabeza y manías y locuras que se curan misteriosamente con duchas frías (en apariencia): en algunos momentos parece razonar con lucidez y en otros habla de misticismos y persigue a Fortunata con un cuchillo...
Otros personajes secundarios de interés son Mauricia la Dura, mujer representante de la baja sociedad, pobre, hombruna, violenta, borracha pero de buen corazón y muy sincera, por la cual Fortunata siente una gran simpatía; y también Guillermina, una santurrona que recoge fondos para fundar hospitales para los pobres, y cuya insistencia en estas lides llega a resultar un poco cargante.
El estilo de Galdós me encanta, con esa forma de explicar las cosas tan coloquial y suelta, quizás abusando de ciertas expresiones y palabras que parece que le encantan (ídolo). Eso sí, es muy prolijo, y muy descompensado en su escritura. Tanto que no dice gran cosa de la vida de personajes importantes como Santa Cruz o Jacinta y sin embargo, se tira capítulos enteros contando las conversaciones/biografías de secundarios o terciarios como la madre de Santa Cruz o el hermano politicastro de Rubín, que la verdad resultan un poco pesadas, dejando aparte el interés histórico que esos detalles puedan suscitar.
Mi impresión general de este libro es que revela una sociedad que a pesar de las apariencias no ha cambiado mucho desde entonces. Los comportamientos de hombres y mujeres siguen siendo similares con sus deseos, pasiones, amores prohibidos, engaños, hipocresías etc, aunque quizás ahora con menos peso de la religión, que en este libro es muy patente. De todas formas, no parece que los curas le cayeran muy bien a Galdós, y en general les hace bastante crítica. Más bien muestra simpatía hacia ese viejo militar retirado, Feijoo, que opta por la solución intermedia de guardar las formas y llevarse bien con la sociedad, mientras uno hace, en lo privado, lo que le da la gana.

2 comentarios:

alma dijo...

Totalmente de acuerdo contigo. Los comportamientos no han cambiado mucho, pero afortunadamente, que el peso de la religión sea menor, ya es muchísimo....

Feliz fin de semana!

HADA dijo...

Las letras se juntan para dibujar algo, que cada una por su lado no puede: Un Deleite poder sentir el tacto de sus letras y acurrucarse entre sus lineas.